Desarrollamos la inteligencia emocional: El dado de las emociones

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Según Goleman, la inteligencia emocional puede describirse como la capacidad para reconocer nuestras emociones y las de los demás para manejarlas de manera positiva y mejorar nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con nuestro entorno.

Comprender nuestras emociones y aprender sobre ellas, nos ayudará a llevar una vida más satisfactoria, a sentirnos mejor, a tener una buena autoestima y no solo eso, también nos resultará útil para conocer nuestros puntos fuertes y aquellos a mejorar, factores clave a la hora de marcarnos y lograr nuestros objetivos.  Además, la inteligencia emocional también engloba una gran cantidad de habilidades sociales, que facilitarán nuestra relación con los demás.

Como desarrollar la inteligencia emocional

Para desarrollar la inteligencia emocional es recomendable comenzar trabajando con actividades de alfabetización emocional, como la que ya hemos visto en el post Ponle nombre a lo que sientes

Hoy, pretendemos ir un paso más allá y trabajar el reconocimiento y aceptación de las emociones. Para tener una buena inteligencia emocional es fundamental comprender que no hay emociones buenas o malas. Todas tienen como función aportarnos información del exterior y asegurar nuestra supervivencia. Incluso algunas que a priori parecen negativas como el miedo o el asco tratan de protegernos del peligro y evitar que suframos daños.
Para conseguir aceptarlas y gestionarlas de una manera adecuada, es necesario aprender sobre las mismas y familiarizarnos con ellas. Por ello, en esta ocasión os traemos una actividad para trabajar el reconocimiento de las emociones en el aula.

Las seis emociones básicas:

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Se trata de que identifiquemos estas emociones y de que reflexionemos acerca de las situaciones en las que sentimos cada una de estas emociones: Cuándo solemos sentirlas y cuando ya estén familiarizados con esta primera parte del ejercicio, podremos ir un paso más allá, preguntándoles cómo gestionan habitualmente esa emoción y si se le ocurren otras alternativas, en caso de que la gestión no sea la apropiada.

Como dice Jorge Bucay: “No somos responsables de nuestras emociones, pero sí de lo que hacemos con ellas”. Todos somos libres de sentir tristeza o ira, por ejemplo, pero eso no justifica, por ejemplo, que hagamos daño a un compañero. Debemos buscar otra forma de canalizar estas emociones sin dañar a los demás, ni a nosotros mismos.

Este simple ejercicio ayudará a que los pequeños acepten sus emociones y no solo eso, sino también a que adquieran herramientas para gestionarlas, algo fundamental para nuestro crecimiento y desarrollo.

Objetivos de la actividad:

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Para esta actividad únicamente necesitaremos un recurso: el dado de las emociones que podéis descargar al final del post. Se trata de un dado de seis caras. En cada una podemos ver una emoción diferente. Podéis montarlo doblándolo por las líneas grises y pegando las solapas exteriores, es muy sencillo.

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Desarrollo de la actividad:

Comenzamos la actividad enseñándoles el dado y hablándoles de cada emoción. En este sentido será muy importante nuestro trabajo previo:

Hemos de recoger información que nos permita explicarles la utilidad de cada emoción en nuestras vidas y cómo es importante que no evitemos sentir alguna y que en lugar de reprimir nuestras emociones lo que debemos hacer es gestionarlas de una forma adecuada.

Una vez realizada la explicación, nos sentaremos en círculo y poco a poco, cada alumno lanzará el dado. Con cada resultado, el peque tendrá que imitar por un lado una cara o gesto que exprese esa emoción y por otro, poner ejemplos “yo me siento alegre cuando…”, “me siento triste si…”. Así, todo el mundo tendrá la oportunidad de expresarse.

Finalmente, podemos acabar la actividad con una ronda en la que todos expresen una situación en la que vivan la emoción que ellos mismos escojan. Terminaremos la clase con una pequeña reflexión sobre lo que hemos aprendido, haciendo una pequeña lluvia de ideas y dándoles las gracias por su participación.

2ª parte de la actividad:

Como hemos comentado anteriormente, una vez que los niños ya estén familiarizados con las emociones básicas y con las situaciones en las que éstas aparecen, incluiremos preguntas y sugerencias acerca de la comprensión y gestión de las mismas:

  • ¿Cómo notas tu cuerpo cuando aparece el miedo? (mi corazón late más deprisa, empiezo a sudar, mis músculos se tensan…)
  • ¿Qué te gustaría hacer en ese momento? (huir, esconderme, salir corriendo)
  • ¿Qué haces habitualmente? Ponerme a gritar y a llorar
  • ¿Qué otras formas se te ocurren de gestionarlo? Aquí podemos pedir la participación de todos los compañeros y hacer una lluvia de ideas donde seleccionaremos las respuestas que nos resulten más apropiadas.

Como en todas las sesiones de “Inteligencia Emocional”, terminaremos la clase con una pequeña asamblea, donde los niños puedan expresar libremente cómo se han sentido hablando de emociones. Es el momento de que ellos tomen la palabra.

Actividades alternativas:

El dado de las emociones nos ofrece un mundo de posibilidades. Por ello, además de la actividad principal que acabamos de describir, queremos ofreceros otras actividades  alternativas que podemos realizar con el mismo material.

Una historia:

En primer lugar, contaremos una historia donde los personajes sentirán estas seis emociones básicas. Mientras contamos la historia, podemos pedirles que realicen expresiones para imitar las emociones que sienten nuestros personajes: “este personaje se sintió muy, muy triste. A ver, ¿cómo es nuestra cara cuando estamos tristes?

Al acabar la historia, podemos tirar el dado. Si nos sale la emoción “alegre”, preguntamos qué personaje sentía esa emoción y por qué. Además, podemos añadir una pregunta para trabajar la resolución de problemas en clase: ¿Qué deberían hacer el resto de personajes para que este no se sintiese triste?

Gestos:

Podemos acabar la actividad realizando juntos una revisión por las distintas emociones, tratando de imitar gestos que nos indiquen que alguien está sintiendo una emoción. También podemos repasar qué hacer cuando vemos que alguien se siente triste, enfadado… Se trata de hacer un repaso general final para que las ideas clave queden claras.

Finalmente, podemos acabar esta actividad, al igual que la anterior, con una ronda en la que cada uno exprese una emoción y cuándo se siente así y, como siempre, dándoles las gracias por su participación en la actividad.

Más emociones:

Una vez que los niños ya conozcan bien estas emociones, podemos hacer más dados con diferentes emociones: calma, gratitud, celos, vergüenza, ilusión, soledad… hay infinitas posibilidades. ¡Deja volar tu creatividad!.

Una película:

Además de la realización de esta actividad, podéis reforzar el aprendizaje a través de cuentos, cortometrajes o películas como Inside Out o involucrar a la familia invitándoles a que ellos también utilicen el dado de las emociones y que vean esta película en familia. Es un recurso estupendo para una tarde o noche de verano.

¡Hasta pronto!

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El dado de las emociones

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