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Desde que comenzamos a publicar esta serie de artículos sobre Educación Emocional, nos hemos centrado, sobre todo, en facilitaros actividades para que trabajaseis con vuestros niños la primera parte del proceso: la alfabetización emocional. Mediante actividades como “las caretas emocionales, “el bingo de las emociones” o “el dado de las emociones”, los niños aprenden a ponerle nombre a los diferentes estados de ánimo y a identificar en qué situaciones aparece una u otra emoción. Además, si hacemos estas actividades en grupo, también favoreceremos el desarrollo de habilidades sociales como la empatía, el respeto o la escucha activa. Así que si todavía no las has realizado, te invito a que le eches un vistazo al resto de artículos de esta sección.

Dado que está a punto de empezar un nuevo curso, ha llegado el momento de ir un paso más allá en nuestro recorrido por la Educación Emocional. Una vez que ya somos capaces de ponerle nombre a lo que sentimos, lo siguiente que tendremos que trabajar es ser capaces de gestionar esa emoción: Tratar de que no nos domine y mantener la calma desde la aceptación para tener la capacidad de pensar con claridad y tomar las mejores decisiones sin ser arrastrados por lo que sentimos.

Indice

El semáforo emocional

La actividad que proponemos hoy puede realizarse tanto en el aula como en casa. Tiene como objetivo principal reducir la impulsividad y que los más peques aprendan a pensar antes de actuar. El semáforo de las emociones es una herramienta muy útil en las aulas para trabajar la resolución de conflictos entre los más pequeños, sin embargo, también es una técnica ideal para tener una guía de actuación al sentir ciertas emociones que nos hacen perder el control de nosotros mismos e impiden que vea las situaciones de forma objetiva (esto se denomina “secuestro emocional”). El semáforo nos ayudará a resolver nuestros problemas siendo conscientes de lo que sentimos, aceptando esa emoción, pero pensando con la máxima claridad posible antes de actuar.
Cuando sentimos emociones como la ira, tristeza, irritación, tensión, hostilidad… podemos experimentar cambios en nuestro cuerpo y en nuestra forma de actuar. Es importante comprender que todas las emociones son útiles y que son nuestra forma de experimentar aquello que nos sucede, por lo que reprimir una emoción solo traerá más problemas, es fundamental que como educadores nos quede esto claro, para hacérselo llegar a nuestros pequeños.

Materiales necesarios:

  • Cartulinas: marrón, gris o negra para el cuerpo del semáforo. Además roja, verde y amarilla para las luces.
  • Tijeras con punta redonda.
  • Pegamento en barra.
  • Plantillas de círculos para usarlas como guía: Platos de cartón, la tapa de algún bote, etc.
  • Lápiz.
  • Goma.

La cantidad de material a usar dependerá de si realizamos la actividad en casa o en el aula, y del número de semáforos que queramos hacer. La cartulina oscura nos servirá para hacer la base del semáforo. La recortaremos y después pegaremos los círculos en ella: Primero el círculo rojo, luego el amarillo y finalmente el verde.
Para que sea más sencillo, podemos crear carteles al lado del semáforo, poniendo al lado del color rojo “Paro”, al lado del círculo amarillo “Pienso” y al lado del círculo verde “Actúo”. Si los niños todavía no saben leer, podemos poner imágenes que simbolicen esas acciones. Así tendremos siempre disponible la guía y no se nos olvidará qué significa cada color. Si hacemos esto, deberemos añadir al material:

  • Cartulina blanca.
  • Ceras de colores.

Desarrollo de la actividad:

Una vez tenemos todo preparado, vamos a plantearles algunas preguntas: ¿Para qué sirven los semáforos? ¿qué hacen los coches cuando el semáforo está en rojo? ¿y en verde? Así, introducimos la actividad y les facilitaremos el uso de esta herramienta. Para que les quede bien claro, podemos poner ejemplos: “Hay veces que cuando me enfado mucho, actúo sin pensar y contesto mal a mis amigos. Cuando esto me vuelva a pasar, miraré el semáforo y ¿qué debería hacer?”. Pondremos varios ejemplos y dejaremos que ellos planteen otras situaciones. Así podrán interiorizar mejor la dinámica.

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Elige un semáforoo para toda la familia o uno para cada niño

Dicho esto, nos organizamos para crear nuestro semáforo. Si estamos en casa, podremos crear uno grande para toda la familia. En el aula, podemos hacer que trabajen en grupo, o si lo preferís, podemos hacer que cada uno tenga su propio minisemáforo en su pupitre o en su taquilla. Recortamos el semáforo, pegamos los colores en su sitio y ponemos, si lo hemos decidido así, qué significa cada color. Es importante recordarlo.

  • Rojo: Me paro. Debemos parar y detectar qué nos pasa. Por qué estamos tan desbordados. Podemos respirar hondo y relajarnos un poco.
  • Amarillo: Pienso en las alternativas que tengo. ¿Qué puedo hacer frente a esta situación? En este punto deberemos ayudarles a buscar alternativas, analizar con ellos la situación para que vean cómo pueden buscar respuestas alternativas a diferentes situaciones.
  • Verde: Actúo. Ya hemos parado, sabemos cómo nos sentimos y hemos pensado en una alternativa para dar respuesta a una situación. Ahora, nos toca actuar. ¿Qué debemos hacer?

Una vez tengamos nuestro semáforo, nos sentamos en círculo con él y vamos a poner ejemplos sobre cosas por las que hayamos pasado. Así, haremos la técnica del semáforo con situaciones pasadas o conflictos que tengamos en el presente que den pie a poner en práctica esta técnica.

¿Te animas a crear tu propio Semáforo Emocional?

Utilizar técnicas como ésta hará que estemos un poquito más cerca de reflexionar antes de actuar por el impulso de una de esas emociones que pueden llevarnos a sentirnos desbordados en nuestro día a día.
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